La escasez nos toca a todos. Desde la ama de casa que no consigue jabón para bañarse, hasta la gran empresa que no consigue la materia prima para producir. Y aunque todo esto suena muy mal (y lo es), también ha sacado el lado bueno: la ayuda mutua a conseguir lo que necesitamos.
Por ejemplo, cuando algún conocido necesita leche (que no hay en ninguna parte), yo muy amablemente le doy de la que tengo. Aunque normalmente la rechacen porque yo tomo leche completa y no descremada (yo puedo engordar)
Y no sólo eso, también he recibido artículos que no consigo. Muchas veces me dan algo que necesito (de primera necesidad y comestible, nada sexual) Lo que quiere decir que la amabilidad aún está en nosotros, sólo hay que ponerla en práctica.
Aunque sí es cierto que están los que se caen a golpes, mordiscos e insultos por un kilo de harina de maíz, sé que no son todos.
Si tú estás en un supermercado donde no hay shampoo, pregunta hasta que alguien te diga donde conseguir. Es seguro que alguien sabe y te lo dirá. Incluso, hay quienes han desarrollado verdaderas cadenas de ayuda. Personas que se avisan unas a otras, para que el sufrimiento sea menor.
Esto no quiere decir que estoy de acuerdo con la escasez. Me parece terrible que las personas pierdan horas haciendo colas para comprar artículos de primera necesidad. Sin embargo, ha sacado lo mejor de nosotros. Quizás la humanidad no está tan perdida después de todo.
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Publicado el 20 de marzo de 2014

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